domingo, 30 de junio de 2013

LA ANTIGUA FERIA DEL GANADO DE CENICIENTOS




Un gentío abigarrado,
mulas, vacas y borricos,
hombres grandes, niños chicos,
y un calor anticipado.

Gran concurrencia en los prados,
gentes venidas de fuera
vigilando la Ladera
a multitud de feriados.

Copresidiendo las Peñas,
los acuerdos y los tratos
y los ropajes baratos
con antiguas estameñas.

Los chalanes con blusones
y gitanos con patillas
y gitanas amarillas
pronostican bendiciones.

Con puestos chamarileros
y olor de moñigo y bosta
y una voz que adrede imposta
uno que vende sombreros.

Con las alforjas mendigos,
husmeando que se pierde,
entre lo reseco verde
eran de todo testigos.

Los charlatanes vendiendo
hojas de afeitar y peines,
y calcetines de empeines
a un ritmo loco ofreciendo. 



Y al comediar la mañana
comenzaba el regateo,
"¡este borrico es muy feo!"
comentaba una gitana.

Aparece el patriarca,
los dedos en el chaleco,
patilludo y negro, enteco,
rodeado de su jarca.

Y atusándose el bigote
con el nudo del bastón
le pega un buen coscorrón
y la gitana huye al trote.

Con borricos matalones
las mulas de gran alzada
con la gente harto animada
y abundancia de mirones.

Saber palpar a las mulas
entre las patas las mamas,
infértiles cual las gramas
donde a los surcos ondulas.



Y mirarles la bocaza
observando bien los dientes,
estudiando sus mordientes
y los años que atenaza.

En borricos mataduras
y estudiarles el pelaje
y ver bien el andamiaje
igual en las comisuras.

Y las rumiadoras vacas
se encontraban más lejanas,
con sus cencerros campanas,
badajo de unas estacas.



Después los tratos cerraban
con apretones de manos,
preludios de los veranos
vacaciones que empezaban.
Se intercambiaban cigarros
y sendas botas de vino,
y emprendían el camino
a pie o en mulas o en carros.

Y los muchachos coruchos
con ojos maravillados
veíamos asombrados
fajos de dinero muchos.