jueves, 20 de junio de 2013

EL CHURRERO

Con hielo matinal y bajo el brazo la cesta,
su pregón habitual con nitidez nos llegaba,
y era su tonante voz la que nos levantaba
contagio del pregón sin rebelión ni protesta.

Olor de los churros al desperezo se presta
de la cálida cama que el bostezo albergaba,
por la voz imperiosa que al deber nos llamaba
de acudir a la clase de la suma y la resta.

Arrollados los juncos, balanceo del aire,
al churrero le daban gran prestancia y donaire,
y atado a la cintura ciñe un blanco mandil,

que a  Cenicientos  corría en paseo incansable
con sus churros calentitos despachando afable
los otoños e inviernos hasta llegado abril.



Dedicado al bisabuelo del Dr. D. David Ramírez