Muy cerca de tu sepulcro,
dándole sombra al sendero,
se yergue no plañidero
un ciprés airoso y pulcro.
Sé que conversa contigo
entre susurros del viento,
al ritmo armonioso y lento
con que se madura el trigo.
Y que te cuenta mil cosas
de nuestro acontecer diario,
y te perfuma el sudario
donde madre plantó rosas.
Y penetran sus raíces
en tu caja mortuoria,
y viendo a tu alma en la gloria
exenta de cicatrices.
Y al ciprés del cementerio
sobre ti yo le interrogo,
y sin derecho me arrogo
impartirle magisterio.
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